El puerto
Escucho el sonido de las olas golpeando, rompiendo sobre las rocas, todas ellas rodeadas de agua cristalina. Continúo nadando, deslizando mis brazos en paralelo al plano del agua, completando en cada movimiento un semicírculo ideal, valiéndome del estilo braza que me permite desplazarme de forma tranquila y sosegada, disfrutando de todas las maravillas que la madre naturaleza ha puesto a mi disposición. Pequeñas y medianas embarcaciones, acceden al puerto. Otras zarpan, y se van alejando, poco a poco. Al cabo de unos minutos, tan sólo puedo ver ligeros rieles de espuma blanca ocupando el camino por el que se van distanciando de mi. Todo es tan bonito, tan tranquilo aquí, que el tiempo parece haberse quedado atrapado en algún sitio al que no quiero acceder. Algunos peces me rodean, rozan mi piel por diferentes zonas, y en algunas de ellas he sentido ligeros pinchazos, mordiscos… Tengo la sensación de que tratan de limpiarme las zonas muertas de la piel, como los pececillos usados para a...