Entradas

Mostrando entradas de 2014

La magia fluía...

No nos hacía falta casi nada, para inventar lo que sea, siempre dispuestos a idear algo, a recrear lo ya descubierto. Nos poníamos, manos a la obra, y la magia fluía... Capaces de amarnos y odiarnos en el mismo instante, de ser cómplices y jueces de nuestros actos, dejábamos que todo siguiera su curso, lenta, pausadamente, y la magia fluía... Iniciar un campeonato de fútbol, no tenía ningún misterio para nosotros: dos bancos de la plaza, un poco de provocación hacia unos cuantos niños, y alguien que avisara a la mamá de que iríamos tarde a cenar. Cuántos 'mundiales' hemos vivido, juntos o enfrentados, el papá trayéndonos algo de comida para subsistir. No planificábamos nada, sólo nos dejábamos arrastrar por los acontecimientos, y la magia fluía... Fuimos tan felices, tan inocentes y soñadores, que creíamos ser los superhéroes protagonistas de las máquinas de nuestro bar. Ninguna tuvo ningún secreto para nosotros, maestros absolutos de todas, catedráticos para los d...

Antonio (14/11/2014)

Querido Antonio, Antonio Vega. Capaz de hacerme emocionar con un simple verso, de una de tus canciones, de desgarrarme el corazón con la aspereza y suavidad de tus letras, de hacerme soñar con un mundo mejor a través de tu música. Cada vez que trato de escribir algo, me veo tan pequeño como una hormiga, se hace enorme tu sombra afilada, maestro entre donde los haya,  hacedor de malabares y de sueños a través de las palabras, mago del lenguaje y de los acordes, capaz de engranar los vocablos entre las notas musicales, como si de un mecanismo de precisión se tratase. Jamás he conocido a nadie como tú, envuelto siempre en esa timidez enfermiza, que se transformaba de repente en locura, y que ponía tu mundo patas arriba en un instante. Inconformista donde los haya, soñador, siempre vigilante de los astros, de los diferentes cuerpos celestes que sobrevuelan nuestras cabezas, permanentemente estudiándolos y visitándolos virtualmente. Referencia para todo artista que se pre...

Como expresarte...

Como expresarte tanto agradecimiento, por todas aquellas cosas que, no se ven, pero que tú las haces posible... Tanto por lo que pedir disculpas, tanto daño realizado por mi parte, por el que jamás podré compensarte... Sólo con observarte, con imaginarte alegre y llena de vida, tengo más que suficiente. Todo lo vivido juntos, desfila ante mis ojos, sumidos en lágrimas de felicidad, y sólo puedo llegar a la conclusión, de que no cambiaría ni un sólo instante de lo vivido contigo. Tanto tiempo, el uno al lado del otro, tantísimos instantes mágicos, nacidos del simple hecho del cariño compartido, de esa química que nos unió un día, hace ya mucho. Como expresarte lo mucho que me importas, lo difícil que puedo imaginarlo todo sin ti. Como pretender negar que nada hubiera sido lo mismo, si tú no hubieses estado... Me faltan las palabras, para hacerte llegar lo que siento. Lamento no ser capaz de expresar todo lo que me haces sentir, cada día, a cada instante, en cada cruce...

En la diferencia, está la riqueza.

Niños prácticamente de la misma edad, que posiblemente compartan miles de aficiones, miles de deseos comunes, muchísimas aspiraciones, y que sin embargo sean mundos independientes, aislados en la inmensidad. Ante este panorama, siento en mis propias carnes una tremenda sensación de responsabilidad, ante tanto trabajo por hacer, tanta diversidad en la que mediar, y de la que sacar provecho. Aunque sea difícil de ver, en la mayoría de ocasiones, podemos sacar provecho de nuestras propias diferencias con respecto a los otros: podemos y debemos enriquecernos de lo que los demás tienen, y no tenemos nosotros, y al mismo tiempo aportarles a ellos nuestras principales virtudes, las cosas que nos diferencian. Se trata por tanto de un enriquecimiento recíproco: yo te doy, y tú me das. Todos ganamos así. Miro hacia la parte final del aula. Ahí está J, sentado solo, no para un segundo de moverse. El resto de compañeros no quieren sentarse con él, pues dicen que les mol...

La felicidad de lo cotidiano ( 13/08/2014)

Una mirada perdida hacia la otra orilla, divisando las montañas dominantes, una mano que se tiende, desinteresada, un furtivo guiño de complicidad. Una luz que se descomponen en todos los colores al llegar hasta ti, el roce de una ola sobre tus pies desnudos, esa brisa marina que te obliga a respirar profundo, y te hace sentir afortunado sólo por el hecho de estar aquí. Un trozo de arena que parece quemar más que los demás, y que consigue que saltes, que corras, tratando de alcanzar otras zonas, que te zambullas entre las olas, buscando un resquicio, un respiro para tus pies, recién golpeados por el calor. Un paseo por donde sea, buscando no sé qué, teniendo planificado nada, y sin la menor obligación de ir o de venir, de andar o de pararse, de dormir un rato, o de leer tumbado bajo el sol, o bajo la sombra. Un árbol nos da cobijo, y aceptamos su ayuda. Un paseante nos habla, y entramos de lleno en su conversación, sin importar demasiado e...