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Mostrando entradas de 2019

Ron

Al acceder a la salita, con la primera luz del amanecer, tus ronroneos son lo primero que me embarga el corazón de alegría. Te acaricio mientras te digo cosas bonitas, tal y como mereces, y tú no paras de jadear lleno de placer, de ilusión y de felicidad. Eres un animal maravilloso, capaz de llenar de cosas bonitas un corazón que ha sufrido demasiado, que sigue sufriendo demasiado, pleno de incertidumbres y de sombras. Siempre listo para salir, te vuelves loco cuando detectas que nos acercamos al cajón a buscar tu arnés. Arañas mis manos con tus dientes, pero no me muerdes, sólo buscas agradecerme el que haya pensado que te gustaría pasear. Una vez que logro prepararte para salir, me arrastras con una fuerza incontenible. Te llevo al campo, y te suelto, y eres en ese momento el ser más feliz del mundo entero. Trotas, a toda velocidad, y vas olfateándolo todo, buscando conocer todos los olores, identificarlos, y localizarlos. Necesitas conocer cada palmo del terreno, hacertelo tuyo. ¡Co...

Mensaje silencioso

¡Qué bonito es,  cariño mío,  ese mensaje silencioso,  que tu mirada enamorada,  me regala sin motivo, ese mensaje sin palabras, que dibujan tus preciosos ojos, sobre mis apasionados ojos…! Torres Vera, Diego ( 30/11/2019)

Anochecer

ANOCHECER" "Está anocheciendo. El mundo es de color, el cielo es de color. De un color rosado y azul, que se confunden, que se mezclan, que van tomando distintos tonos. Adornados por unas nubecitas de algodón, se ciernen sobre sí mismos, y es el brillo de su presencia, de su constancia itinerante, la que lo llena todo, la que lo dibuja todo.  El cielo está ahí, indeciso, palpitante, vacilante, ante una luz que se apaga, que pierde gas y va desapareciendo, lenta, pausadamente.  Los focos artificiales, toman vida, se iluminan a si mismos y al resto. Es señal inequívoca de que la oscuridad está al llegar, de que el cielo caerá otra vez, bajo la penumbra tenebrosa y difusa, de otra noche más, del otoño incipiente.  Los tonos son ya, cada vez más imperceptibles, y el destello de una franja del cielo, que antes brillaba por si sola, comienza a sucumbir, a desvanecerse, a morir otra vez, como cada día, como cada anochecer.  Una estrella ha aparecido ante mí, única en el fir...

Cabalgando lejos…

Cabalgando lejos, mis ojos cegados por la línea iluminada del horizonte que despierta. Unas nubes de algodón dulce, nos acompañan, cambiando de sabor y de color, en un juego incesante de luces vivas, atravesando la espesura verde de un bosque que nace y muere a nuestros pies, que nos acaricia y nos guía, dirigiendo nuestros pasos hacia un paraíso pleno de sonidos maravillosos, de silencios mágicos, de imágenes imposibles…

Heridas incurables

Heridas incurables   Hay heridas irrecuperables, heridas que por más que uno quiera, permanecen incurables, y nada ni nadie puede intentar sanarlas. Saber que están ahí, y no dedicarles más tiempo del necesario, puede ser nuestra mejor opción. La clave para una mejor calidad de vida, me la ha ido enseñando la mejor maestra que existe: la propia vida. No es otra que vivir, dejando de lado todo lo que consideremos irresoluble, centrándonos en lo que sí podemos disfrutar, vivir, mejorar. A veces, cuando estoy disfrutando de algo maravilloso, o me siento relajado y tranquilo, viene hasta mi mente un pensamiento negativo, relacionado con mi pasado más oscuro. Lo más sensato resulta desecharlo inmediatamente, y no recrearse ni un solo instante con él. A veces no es fácil lograr esto. Tampoco es muy certero considerarte la víctima absoluta de todo, viendo a ‘tu enemigo’ como el causante integral de todos tus males. En mi caso, he recibido ostias por todos lados y...

La cala del amor

Paseábamos sin saber dónde ir, divisando por casualidad, desde lo alto de aquella escalera sinuosa, una pequeña calita que nos llamó la atención, y decidimos visitarla. ¡Dios, qué hermosa resultó ser, pensé, de una belleza suprema, sólo comparable a la tuya, mi amor! Su extensión era exigua, muy pequeña y recogida: a la izquierda, unos seres habían prendido unas preciosas velas, que iluminaban el paraje, con una luz tenue, proporcionándole un toque de distinción y de hermosura. En la parte derecha, no había nadie, y decidimos ocupar la zona, hacerla nuestra. Sentados primero sobre unas rocas, y después estirados sobre la arena suave, sentimos que nuestros cuerpos se iban acercando el uno al otro, que una mano acariciaba una mejilla, que otra se posaba suavemente sobre el pelo de uno, sobre el cuello del otro... Te miraba, en la noche, y el brillo de la luna llena, cubría tus ojos de una luz mágica, que me hacía sentir, el hombre más afortunado del mundo... El agua mansa del ma...