La felicidad de lo cotidiano ( 13/08/2014)



Una mirada perdida hacia la otra orilla, divisando las montañas dominantes, una mano que se tiende, desinteresada, un furtivo guiño de complicidad.

Una luz que se descomponen en todos los colores al llegar hasta ti, el roce de una ola sobre tus pies desnudos, esa brisa marina que te obliga a respirar profundo, y te hace sentir afortunado sólo por el hecho de estar aquí.

Un trozo de arena que parece quemar más que los demás, y que consigue que saltes, que corras, tratando de alcanzar otras zonas, que te zambullas entre las olas, buscando un resquicio, un respiro para tus pies, recién golpeados por el calor.

Un paseo por donde sea, buscando no sé qué, teniendo planificado nada, y sin la menor obligación de ir o de venir, de andar o de pararse, de dormir un rato, o de leer tumbado bajo el sol, o bajo la sombra.

Un árbol nos da cobijo, y aceptamos su ayuda. Un paseante nos habla, y entramos de lleno en su conversación, sin importar demasiado el tema, o la opinión, sólo buscando la relación más natural y humana, el compartir, el sentirse libre y con ganas de hacérselo saber al mundo.

Un pequeño pez, acaba de aparecer y desaparecer ante nuestros ojos, buceando y saltando, mostrándonos el camino hacia el entretenimiento y el disfrute.

El sol ilumina la superficie del agua, y nos muestra un colorido diferente, un verde azulado, con franjas amarillas, que va cambiando de color, según el movimiento de las nubes en el horizonte. Todo es tan bonito y tan sencillo, tan simple y natural, que no sé qué buscamos a veces los humanos, qué necesitamos, de qué manera complicamos nuestra vida para conseguir la felicidad, cuando ésta, está ahí, esperándonos en la puerta de nuestra casa.

Caminar sin rumbo y sin objetivo, bordeando la orilla de un mar precioso, que parece creado a propósito para adornar nuestro paseo, viendo la creación de Dios, mostrándose sin tapujos ante nosotros, a cada paso, a cada mirada nuestra, a cada suspiro de asombro ante lo natural y cotidiano: gracias Creador nuestro, por ofrecernos tanto, pidiéndonos tan poco...

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