La magia fluía...

No nos hacía falta casi nada, para inventar lo que sea, siempre dispuestos a idear algo, a recrear lo ya descubierto. Nos poníamos, manos a la obra, y la magia fluía...

Capaces de amarnos y odiarnos en el mismo instante, de ser cómplices y jueces de nuestros actos, dejábamos que todo siguiera su curso, lenta, pausadamente, y la magia fluía...

Iniciar un campeonato de fútbol, no tenía ningún misterio para nosotros: dos bancos de la plaza, un poco de provocación hacia unos cuantos niños, y alguien que avisara a la mamá de que iríamos tarde a cenar. Cuántos 'mundiales' hemos vivido, juntos o enfrentados, el papá trayéndonos algo de comida para subsistir. No planificábamos nada, sólo nos dejábamos arrastrar por los acontecimientos, y la magia fluía...

Fuimos tan felices, tan inocentes y soñadores, que creíamos ser los superhéroes protagonistas de las máquinas de nuestro bar. Ninguna tuvo ningún secreto para nosotros, maestros absolutos de todas, catedráticos para los demás niños, ingenieros del ocio con mayúsculas. Nos unía algo místico, difícil de identificar: tan sólo nos mirábamos, y la magia fluía...

Tuvimos la mejor infancia que unos niños jamás pudieran desear, junto a unos padres maravillosos, que siempre quisieron lo mejor para nosotros, que nos lo dieron todo, nuestros queridos papá y mamá, los seres a quiénes les debemos nuestra existecia. Nos mostraban su sonrisa, nos acariciaban el pelo, y la magia fluía...

Mientras papá cantaba, yo intentaba escribir una letra similar, y mis hermanos bailaban al son de su ritmo. Me imaginaba cabalgando a caballo a través de las maravillosas tierras descritas por su música. Dejaba volar mi imaginación, y la magia fluia...

Tanto tiempo transcurrido, y aún así, todos estos recuerdos, de mis padres, y de mis hermanos, de mi niñez, me invaden en este instante, me llegan desde todos lados, de forma totalmente descontrolada. Hemos cambiado tanto, y en realidad tan poco, que abro la ventana, y nos veo correteando por las calles del pueblo, inventando siempre algo, y normalmente nada bueno, junto a nuestros amigos de la infancia. Cierro los ojos, vuelvo instantáneamente a aquellos días, y automáticamente, la magia fluye...

Diego y Sebastiana, mis queridos padres, gracias por entregarme el Don de la vida. Os quiero y os adoro.

Raúl, Javi y Sebastián, hermanos, sangre de mi sangre, os llevo siempre conmigo.

David, querido hermano, te quiero, te recuerdo, y jamás podré olvidarte.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Mensaje silencioso

Saboreando tu mirada...

Colores, dibujando siluetas sobre el agua