El puerto
Escucho el sonido de las olas golpeando, rompiendo sobre las rocas, todas ellas rodeadas de agua cristalina. Continúo nadando, deslizando mis brazos en paralelo al plano del agua, completando en cada movimiento un semicírculo ideal, valiéndome del estilo braza que me permite desplazarme de forma tranquila y sosegada, disfrutando de todas las maravillas que la madre naturaleza ha puesto a mi disposición.
Pequeñas y medianas embarcaciones, acceden al puerto. Otras zarpan, y se van alejando, poco a poco. Al cabo de unos minutos, tan sólo puedo ver ligeros rieles de espuma blanca ocupando el camino por el que se van distanciando de mi.
Todo es tan bonito, tan tranquilo aquí, que el tiempo parece haberse quedado atrapado en algún sitio al que no quiero acceder. Algunos peces me rodean, rozan mi piel por diferentes zonas, y en algunas de ellas he sentido ligeros pinchazos, mordiscos… Tengo la sensación de que tratan de limpiarme las zonas muertas de la piel, como los pececillos usados para aplicar la técnica de Ictioterapia, que te dejan los pies doloridos por el trabajo como si fuesen nuevos…
Algunos bañistas se tiran desde lo alto de las rocas, incorporándose al agua de cabeza, en un movimiento eléctrico, fugaz, preciso, irrumpiendo en el mar con un sonido seco, una lluvia de gotitas saladas que me alcanzan, y un dispersar en círculo de espuma blanca sobre la superficie del mar…
Una vez el sol inicia su retiro diario para descansar, puedo observar sumergido en el agua, la luz del faro reflejada sobre la “Torre d’en Beu”, y sobre la superficie del agua. Girando 360º, el faro trata de mostrar mediante su luz, el camino correcto a todas las embarcaciones que se aproximan al puerto. La luz nacida de él, permite observar a su paso, la vida bajo la superficie del mar, desde una perspectiva totalmente diferente a la obtenida bajo los rayos del sol de pleno día. Pura magia de luz refractada en el agua.
A vista de pájaro, me viene a la imaginación tu apariencia de dragón de ojos prendidos en fuego vivo, sobrevolando la costa, buscando un lugar donde aterrizar y pasar la noche oscura. Desde dentro de ti, sumergido en tus aguas, no me pareces tan fiero, sino todo lo contrario: eres calma, eres paz, eres ese lugar que siempre elegiría para la reflexión, para la reconstrucción de uno mismo, para el reseteo, para cargar las baterías de cara a escribir un nuevo capítulo…
Comienzo a sentir tu brisa sobre mi piel, una brisa suave al principio, un poco más fría según sopla el viento desde la inmensidad del mar infinito. Sumergido en ti, siento como si formase parte de tu ser, me siento protegido, me siento en paz con el mundo, me considero un elemento más de tu propia composición, siento que no debiera moverme jamás de aquí, ya que al asomarme fuera de ti, siento frio, siento inseguridad, siento zozobra, siento vacío, siento miedo…
Yo me quedaría aquí, observándote, descubriéndote,impregnándome de tu esencia pura, escribiendo todo el tiempo sobre ti…
Escribe: Torres Vera, Diego (29/08/2021)
Comentarios
Publicar un comentario