Paco, siempre entre nosotros...
Estés donde estés, querido tío Paco, "el seco", quiero que sepas, que aún noto tu presencia, cerca de mi.
¡Qué bien lo hemos pasado siempre contigo! Todavía recuerdo, y no puedo parar de reirme, aquel día que viniste a buscarnos al "Cine del Molino", cuando mis hermanos y tus hijos eramos bastante pequeños, y se montó aquel lio tremendo de coches de padres que van a buscar a sus niños, y tú, siempre tan ocurrente, con tu coche bloqueado entre todos los demás, dijiste: ¡Ahora, meto el Gacheto Machet, y salimos de aquí pitando!. ¡Qué risa!
A veces un padre para mi, viviendo en tu propia casa, la mayoría de veces, un amigo. Si leo y colecciono comics, es sólo gracias a ti, mi iniciador en este maravilloso mundillo. Siempre bajaba a tu casa, a pillarte prestados, los últimos números de Spiderman, el Increíble Hulk, Capitán América, La Patrulla X, Los Vengadores, El hombre de Hierro... También tenías algo de DC: Batman, Superman... Los Westerns no lograste inculcármelos, aunque los tenías a cientos. Te recuerdo leyendo, y leyendo, y leyendo... un comic no te duraba ni diez minutos.
Recuerdo aquel verano, en el que mi hermano y yo, os ayudamos en el bar de la piscina, cuanto trabajamos, pero que bien que me lo pasaba. A pesar del duro trabajo que teníamos, pues el bar y la terraza siempre estaban a tope, siempre nos bañabamos un rato en la piscina, nos comíamos helados, mi hermano David se bebía las Coca-Colas calientes de la despensa, y tu le regañabas: ¡Pero macho, si no te tienes que esconder, te puedes beber las frías de la cámara!. ¡Qué bien lo pasé! Lo recuerdo todo como si hubiese sido ayer, y sin duda, volvería ahora mismo a aquellos momentos.
Pareja de humoristas total, tú, "el seco", y el tío Ali, "el gordo". Yo me he reido más con vosotros que con los originales "el gordo y el flaco", "Stanley y Oliver". Chistes y más chistes, disfraces (ahí también entra el abuelo "Bufo", que se disfrazaba cada noche vieja, para hacernos partir a todos de risa).
No puedo olvidar aquella anécdota tuya, en la que aquel tío probaba los faros del coche, y le funcionaban unas veces sí, y otras no, y tú, que venías un poco contento, te pusiste delante de su coche y le dijiste: ¡Ahora sí, ahora no!. Y el tio se cabreó, y quería pegarte... ¡Qué poco sentido del humor que tienen algunos, por Dios!
Tampoco puedo olvidar, el tiempo que pasaste con nosotros en Mallorca, en Ca's Capità, donde conocí tu faceta más humana, donde te vi sufrir por la ausencia de los tuyos. También me reí mucho contigo. Recuerdo aquel día, que fuimos a un chiringito en la playa de Portals, y te pedían 500 pesetas por una cerveza, y tú, totalmente indignado, le dijiste al camarero: ¡No la quiero, no la quiero, por ese dinero me tomo una caja en mi pueblo!
Querido tio, sé que he tenido que esperar bastante para poder escribirte todo esto, pues no me he sentido con fuerzas para hacerlo hasta ahora. Desde el primer día que nos dejaste, para ir a otro lugar mejor, he sentido la necesidad de brindarte este humilde homenaje, y aunque no es gran cosa, espero que desde donde estés, lo puedas leer, y puedas descubrir todas las cosas que no te pude decir, que la distancia no me permitió comunicarte.
Sólo deseo que cuando volvamos a encontrarnos, sigas siendo el mismo, el de siempre, el tio Paco, "el seco", nuestro "seco"...
Diego Torres Vera escribe para Paco, "el seco", su tío.
¡Qué bien lo hemos pasado siempre contigo! Todavía recuerdo, y no puedo parar de reirme, aquel día que viniste a buscarnos al "Cine del Molino", cuando mis hermanos y tus hijos eramos bastante pequeños, y se montó aquel lio tremendo de coches de padres que van a buscar a sus niños, y tú, siempre tan ocurrente, con tu coche bloqueado entre todos los demás, dijiste: ¡Ahora, meto el Gacheto Machet, y salimos de aquí pitando!. ¡Qué risa!
A veces un padre para mi, viviendo en tu propia casa, la mayoría de veces, un amigo. Si leo y colecciono comics, es sólo gracias a ti, mi iniciador en este maravilloso mundillo. Siempre bajaba a tu casa, a pillarte prestados, los últimos números de Spiderman, el Increíble Hulk, Capitán América, La Patrulla X, Los Vengadores, El hombre de Hierro... También tenías algo de DC: Batman, Superman... Los Westerns no lograste inculcármelos, aunque los tenías a cientos. Te recuerdo leyendo, y leyendo, y leyendo... un comic no te duraba ni diez minutos.
Recuerdo aquel verano, en el que mi hermano y yo, os ayudamos en el bar de la piscina, cuanto trabajamos, pero que bien que me lo pasaba. A pesar del duro trabajo que teníamos, pues el bar y la terraza siempre estaban a tope, siempre nos bañabamos un rato en la piscina, nos comíamos helados, mi hermano David se bebía las Coca-Colas calientes de la despensa, y tu le regañabas: ¡Pero macho, si no te tienes que esconder, te puedes beber las frías de la cámara!. ¡Qué bien lo pasé! Lo recuerdo todo como si hubiese sido ayer, y sin duda, volvería ahora mismo a aquellos momentos.
Pareja de humoristas total, tú, "el seco", y el tío Ali, "el gordo". Yo me he reido más con vosotros que con los originales "el gordo y el flaco", "Stanley y Oliver". Chistes y más chistes, disfraces (ahí también entra el abuelo "Bufo", que se disfrazaba cada noche vieja, para hacernos partir a todos de risa).
No puedo olvidar aquella anécdota tuya, en la que aquel tío probaba los faros del coche, y le funcionaban unas veces sí, y otras no, y tú, que venías un poco contento, te pusiste delante de su coche y le dijiste: ¡Ahora sí, ahora no!. Y el tio se cabreó, y quería pegarte... ¡Qué poco sentido del humor que tienen algunos, por Dios!
Tampoco puedo olvidar, el tiempo que pasaste con nosotros en Mallorca, en Ca's Capità, donde conocí tu faceta más humana, donde te vi sufrir por la ausencia de los tuyos. También me reí mucho contigo. Recuerdo aquel día, que fuimos a un chiringito en la playa de Portals, y te pedían 500 pesetas por una cerveza, y tú, totalmente indignado, le dijiste al camarero: ¡No la quiero, no la quiero, por ese dinero me tomo una caja en mi pueblo!
Querido tio, sé que he tenido que esperar bastante para poder escribirte todo esto, pues no me he sentido con fuerzas para hacerlo hasta ahora. Desde el primer día que nos dejaste, para ir a otro lugar mejor, he sentido la necesidad de brindarte este humilde homenaje, y aunque no es gran cosa, espero que desde donde estés, lo puedas leer, y puedas descubrir todas las cosas que no te pude decir, que la distancia no me permitió comunicarte.
Sólo deseo que cuando volvamos a encontrarnos, sigas siendo el mismo, el de siempre, el tio Paco, "el seco", nuestro "seco"...
Diego Torres Vera escribe para Paco, "el seco", su tío.
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