La escritura
Mi alma me está amenazando. Me pide que
postergue mis obligaciones, que acuda a la magia del momento que aguarda mi
llegada. No lo puedo evitar, vuelvo a caer, una vez más, y soy feliz. Aquí,
pierdo mi enorme timidez, doy rienda suelta a mis sentimientos y a mi
imaginación, y comienzo a viajar, en un viaje sin origen ni destino, sin
principio ni final. Estoy solo y es como un rito, como la vida coagulada en un
instante infinito, vivo pero quieto.
Y siento en mi, la
estela de un demiurgo exhausto y cansado, que quebranta mi descanso, y me
otorga la oportunidad de ser lo que yo quiera, cuando yo quiera, y como yo
quiera. Y entonces puedo actuar, y puedo salvar el mundo desde mi butaca, y
erradicar la estirpe del hambre en cada país, en cada ciudad, en cada calle, y
poder ilusionar a los enamorados con palabras tiernas y dulces, y ayudar a
respetar el bosque, a querer y proteger a los animales, de todas las especies,
y poder defender los derechos de cada persona, su libertad, las atribuciones
que Dios nos concede, por el mero hecho de ser descendientes suyos, y poder
arrancar la sonrisa de un niño, y poder observar un destello de su ternura, de
su inocencia, y poder estudiar mejores caminos, nuevas vías para tratar de
evolucionar mi comportamiento, hacerlo menos egoísta y más humanitario.
Desde aquí, sentado, perdido en la sensación
del momento, de cada momento, puedo convertirme en el rey y el esclavo, la rima
y la prosa, la infancia y la madurez, el sol y la luna, el cantante y la
canción...
Sólo siento que no siento nada. Mis nervios
están templados y mi vida fluye optimista ante el papel, renace y se torna más
eficiente, más justificable.
El reloj sigue
corriendo, lenta, pausada, sincrónicamente, y la vida se escapa, un poco más a
cada pulso, a cada golpe de péndulo del viejo reloj, y yo persisto aquí,
puliendo mi mundo, haciéndolo cada día más propio, más mío, más auténtico, y
sigo infatigable, fabricando historias, historias que nacen de mi, puras, y que
no puedo evitar que nazcan, porque luchan vivas en el interior de mi corazón,
por salir, por pulular y perderse, por exteriorizar su grado de ternura, su
sinceridad más innata, y sigo escribiendo, y sigo escribiendo,... y sigo
escribiendo, eternamente, derritiéndose el tiempo, extinguiéndose el mundo,
hasta quedarme solamente... la escritura...
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